MARÍA DE GUZMÁN 

​MARÍA DE GUZMÁN. 

Por Máximo González-Palacios Franco. 

La localidad madrileña de Alcalá de Henares tiene el honor de ser el primer caso de una mujer universitaria en España, la doctora de Alcalá, María Isidra de Guzmán y de la Cerda, a la que la protección de Carlos III allanó el camino a toda posible oposición a que alcanzase (en 1785, con 17 años) los títulos de doctora y maestra en la Facultad de Artes y Letras humanas, catedrática de Filosofía, conciliadora y examinadora; además de ser admitida socia de honor en la Real Academia de la Lengua Española, RAE. 


María Isidra Quintina de Guzmán y de la Cerda, nació en Madrid el 31 de octubre de 1768, hija de Diego Ventura de Guzmán y Fernández de Córdoba, Marques de Montealegre y Conde de Oñate y Maria Isidra de la Cerda, Condesa de Paredes, Grandes de España.

Su educación corrió a cargo de D. Antonio Almarza, quien puso en conocimiento de D. Diego las especiales dotes intelectuales de la niña. Mª Isidra nació en el palacio familiar, situado en la calle Mayor de la villa y Corte, en un ambiente típicamente ilustrado, donde eran frecuentes las reuniones o tertulias al uso de la época y cuya biblioteca familiar era conocida como una de las mejores de toda la Corte.

Es así como D. Diego, viendo que los conocimientos de su hija y su inteligencia eran públicos y notorios, decide apoyarla para que éstos se vean refrendados con un título oficial, tal y como ella deseaba. Para ello, solicita a Floridablanca le sea concedido el permiso del Rey para poder examinarse de doctorado en Filosofía y Letra Humanas en la citada universidad. El 20 de abril de 1785, el rey otorga su permiso y Floridablanca escribe a las autoridades universitarias para que realicen el exámen a la joven.
29 de julio de 1785 ingresó la ya Doctora en la Real Sociedad Vascongada de Amigos del País y el 21 de enero de 1786 en la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País.
Casó Doña María Isidra el 9 de septiembre de 1789 con Don Rafael Alfonso de Soussa, Marqués de Guadalcázar y de Hinojares, grande de España.
El día 2 de noviembre de 1791 dio a luz a su primer hijo, Rafael, bautizado en la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas de Córdoba, ciudad a la que se trasladó tras su boda con el Marqués de Guadalcázar y en cuyo palacio familiar, sito en la parroquia citada, vivió hasta su muerte. Dos años y medio después, nació el segundo vástago. El día 2 de junio de 1793 nació Mª Magdalena. Este alumbramiento debió ser difícil, pues en la partida de bautismo, el párroco aclara que por el peligro que corría la niña fue bautizada el mismo día. El 14 de junio de 1795 nace su tercera hija, Luisa Rafaela, bautizada en la iglesia citada de Córdoba.

Desde un punto de vista histórico, la hazaña de doña Mª Isidra debe considerarse en el contexto de la España Ilustrada, influida por las ideas ilustradas con figuras tan señeras como Feijoo, Jovellanos, Floridablanca o el propio Carlos III por un lado, y por otro la fuerte tutela de la Iglesia Católica.

Falleció en Córdoba el día 3 de febrero de 1803 a la edad de 35 años. Fue enterrada en la capilla Mayor de la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas de Córdoba el día 7, con entierro solemne y secreto de madrugada, como era el deseo.
Su nombre es habitualmente citado como María de Guzmán (con el que se la recuerda con una calle en Madrid) o como Isidra de Guzmán (con el que se la recuerda con un instituto de secundaria en Alcalá de Henares). Con el apelativo de doctora de Alcalá se la recuerda en un colegio de primaria de dicha ciudad alcalaina. 

Fuente: 

La mujer ilustrada en la España del siglo XVIII”. Ministerio de Cultura, 1981, págs. 66-68.

Complupediawikia.

Dreanalcala.com

Biblioteca Digital Hispánica 

Fuero de la Isla Gran Canaria 


Incorporación de la Isla y fuero y privilegios concedidos a Gran Canaria’

Primeros fueros en las Islas

Real Cédula de Privilegios y Franqueza, dada por los Reyes Católicos en Salamanca el 20 de enero de 1487

“Don Hernando e doña Isabel, por la gracia de Dios, rey e reina […]. Por quanto que por la gracia de Dios metimos so nuestro señorío la isla de la Gran Canaria, que mandamos conquistar y sacar de poder de los infieles enemigos de nuestra fee católica, la avemos mandado poblar de nuchos de nuestros subditos y naturales an ido e van e iran a bivir a la dicha isla; por ende y porque mejor se pueble de aquí adelante, por esta nuestra carta hazemos libres y esentos de pagar e que no paguen alcabalas ni monedas ni otros pechos ni tributos ni derechos algunos ni paguen otro derecho de los que vendieren e compraren de dentro de la dicha isla los vezinos e moradores della que en ella tuvieren su casa poblada, desde oy de la data desta nuestra carta hasta veinte años primeros siguientes, contando que sean obligados de pagar tres maravedís por ciento de carga e descarga de todas las mercaderías que se cargaren e descargaren en la dicha isla, assi por ellos como por otras cualquier personas de cualquier partes e tierras […].

[…] e, si durante el tiempo destos dichos veinte años que nos assi hazemos francos a los dichos vezinos e moradores de la dicha isla, que no ayan de pagar ni paguen mas de los dichos tres maravedis por ciento de carga y descarga, si algun arrendador o arrendadores o receptor o cogedor o otra cualquier persona durante el dicho tiempo de los dichos veinte años, que nos les damos esta dicha franqueza llevare o embiare a la dicha isla de la Gran Canaria algun cuaderno de algunas leyes e ordenanzas por nos fechas e por nuestro mandado, por do oviessen de demandar mas contia de los dichos tres maravedis por ciento de carga e descarga a los dichos vezinos e moradores e pobladores de la dicha isla de la Gran Canaria que en ella tovieren su casa poblada, como dicho es, lo tal queremos y es nuestra voluntad que no vala ni aya lugar de se pedir ni demandar a los dichos vezinos e moradores de la dicha isla, que en ella tovieren su casa poblada […]”.

[“Don Fernando y doña Isabel, por la gracia de Dios, rey y reina […]. Por cuanto que por la gracia de Dios sometimos bajo nuestro señorío la isla de la Gran Canaria, que mandamos conquistar y sacar de poder de los infieles enemigos de nuestra fe católica, la hemos mandado poblar de muchos de nuestros súbditos y naturales han ido y van e irán a vivir a la dicha isla; por ende y porque mejor se pueble de aquí en adelante, por esta nuestra carta hacemos libres y exentos de pagar y que no paguen alcabalas ni monedas ni otros pechos ni tributos ni derechos algunos ni paguen otro derecho de los que vendieren y compraren de dentro de la dicha isla los vecinos y moradores de ella que en ella tuvieren su casa poblada, desde hoy de la data de esta nuestra carta hasta veinte años primeros siguientes, contando que sean obligados de pagar tres maravedíes por ciento de carga y descarga de todas las mercaderías que se cargaren y descargaren en la dicha isla, así por ellos como por otras cualquier personas de cualquier parte y tierras[…].

[…] y, si durante el tiempo de estos dichos veinte años que nos así hacemos francos a los dichos vecinos y moradores de la dicha isla, que no hayan de pagar ni paguen más de los dichos tres maravedíes por ciento de carga y descarga, si algún arrendador o arrendadores o receptor o cogedor u otra cualquier persona durante el dicho tiempo de los dichos veinte años, que nos les damos esta dicha franqueza llevare o enviare a la dicha isla de la Gran Canaria algún cuaderno de algunas leyes y ordenanzas por nos hechas y por nuestro mandato, por do hubiesen de demandar más cuantía de los dichos tres maravedíes por ciento de carga y descarga a los dichos vecinos y moradores y pobladores de la dicha isla de la Gran Canaria que en ella tuvieren su casa poblada, como dicho es, lo tal queremos y es nuestra voluntad que no valga ni haya lugar de se pedir ni demandar a los dichos vecinos y moradores de la dicha isla, que en ella tuvieren su casa poblada […]”.]

Provisión de Privilegio de Carlos I, dada en Toledo el 24 de octubre de 1528

[…] E agora Juan de Escobedo, vezino e regidor de la dicha isla de Gran Canaria, en nombre del Concejo, Justicia e regidores, cavalleros, escuderos, officiales e omes buenos de la dicha isla nos fizo relacion diciendo que la dicha isla, como es notorio, es tierra esteril, e que muchas de las mercaderias necesarias las traen a la dicha isla e las venden e contratan en ella algunos mercaderes e otras personas estrangeros e forasteros que no son vezinos ni moradores de la dicha isla, e que si aquellos oviessen de pagar alcabala dello, demas de los cinco por ciento que se pagan de almoxarifazgo cessarian de traer e vender e tratar e contratar las dichas mercaderias e cosas, de que la isla e vezinos della recibirian mucho daño e fatiga. E nos supplico e pidio por merced que mandásemos que los dichos forasteros y estrangeros no pagasen alcabala alguna y gozasen de la franqueza e libertad que la dicha isla e vezinos tienen, según y de la manera que la gozan e han gozado e deven gozar los vezinos de la dicha isla. E otrosi nos hizo relacion el dicho regidor Juan de Escobedo que, a causa de los muchos ingenios de aÇucar que ay en isla se han talado e quemado la mayor parte de los montes della e que por la falta que ay de leña en la dicha isla ay necesidad de se traer de aquí delante de las islas de Tenerife e La Palma, e que si de la dicha leña se oviesse de pagar almoxarifazgo o otros derechos alunos se dexaria de traer e cargar en la abundancia que es menester, e no aviendo la dicha leña se dexaria de fazer e labrar mucha parte del aÇucar que se labra en la dicha isla, de que a los vezinos e moradores della vendria mucho daño e perdida e quiebra en nuestras rentas reales […]

Lo cual por nos visto, acatando la necesidad de la dicha isla e los servicios que los vzinos e moradores della an fecho a los Reyes Católicos, nuestros padres e aguelos de gloriosa memoria, e a nos e a los que esperamos que nos haran de aquí adelante, por les fazer bien y merced e porque la dicha isla sea mas poblada e ennoblecida e proveida de las cosas necesarias y porque la fabricación de los açucares no cesse tovimoslo por bien. E por la presente confirmamos e aprovamos la dicha carta de merced e franqueza […].

[[…] Y ahora Juan de Escobedo, vecino y regidor de la dicha isla de Gran Canaria, en nombre del Concejo, Justicia e regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la dicha isla, nos hizo relación diciendo que la dicha isla, como es notorio, es tierra estéril, y que muchas de las mercaderías necesarias las traen a la dicha isla y las venden y contratan en ella algunos mercaderes y otras personas extranjeras y forasteros que no son vecinos ni moradores de la dicha isla, y que si aquellos hubiesen de pagar alcabala de ello, además del cinco por ciento que se pagan de almojarifazgo cesarían de traer y vender y tratar y contratar las dichas mercaderías y cosas, de que la isla y vecinos de ella recibirían mucho daño e fatiga. Y nos suplicó y pidió por merced que mandásemos que los dichos forasteros y extranjeros no pagasen alcabala alguna y gozasen de la franqueza e libertad que la dicha isla y vecinos tienen, según y de la manera que la gozan y han gozado y deben gozar los vecinos de la dicha isla. Y otrosí nos hizo relación el dicho regidor Juan de Escobedo que, a causa de los muchos ingenios de azúcar que hay en la isla se han talado y quemado la mayor parte de los montes de ella y que por la falta que hay de leña en la dicha isla hay necesidad de se traer de aquí en adelante de las islas de Tenerife y La Palma, y que si de la dicha leña se hubiese de pagar almojarifazgo u otros derechos algunos se dejaría de traer y cargar en la abundancia que es menester, y no habiendo la dicha leña se dejaría de hacer y labrar mucha parte del azúcar que se labra en la dicha isla, de que a los vecinos y moradores de ella vendría mucho daño y pérdida y quiebra en nuestras rentas reales […]

Lo cual por nos visto, acatando la necesidad de la dicha isla e los servicios que los vecinos e moradores de ella han hecho a los Reyes Católicos, nuestros padres y abuelos de gloriosa memoria, y a nos y a los que esperamos que nos harán de aquí adelante, por les hará bien y merced y porque la dicha isla sea más poblada y ennoblecida y proveída de las cosas necesarias y porque la fabricación de los azúcares no cese tuvímoslo por bien. Y por la presente confirmamos y aprobamos la dicha carta de merced y franqueza […]. ]

(Textos extraídos del libro de Pedro Cullen del Castillo: Incorporación de la Isla y fuero y privilegios concedidos a Gran Canaria.

Fuente: 


Máximo González- Palacios Franco 

Fuero de la Isla Gran Canaria. 

‘Incorporación de la Isla y fuero y privilegios concedidos a Gran Canaria’

Primeros fueros en las Islas

Real Cédula de Privilegios y Franqueza, dada por los Reyes Católicos en Salamanca el 20 de enero de 1487

“Don Hernando e doña Isabel, por la gracia de Dios, rey e reina […]. Por quanto que por la gracia de Dios metimos so nuestro señorío la isla de la Gran Canaria, que mandamos conquistar y sacar de poder de los infieles enemigos de nuestra fee católica, la avemos mandado poblar de nuchos de nuestros subditos y naturales an ido e van e iran a bivir a la dicha isla; por ende y porque mejor se pueble de aquí adelante, por esta nuestra carta hazemos libres y esentos de pagar e que no paguen alcabalas ni monedas ni otros pechos ni tributos ni derechos algunos ni paguen otro derecho de los que vendieren e compraren de dentro de la dicha isla los vezinos e moradores della que en ella tuvieren su casa poblada, desde oy de la data desta nuestra carta hasta veinte años primeros siguientes, contando que sean obligados de pagar tres maravedís por ciento de carga e descarga de todas las mercaderías que se cargaren e descargaren en la dicha isla, assi por ellos como por otras cualquier personas de cualquier partes e tierras […].

[…] e, si durante el tiempo destos dichos veinte años que nos assi hazemos francos a los dichos vezinos e moradores de la dicha isla, que no ayan de pagar ni paguen mas de los dichos tres maravedis por ciento de carga y descarga, si algun arrendador o arrendadores o receptor o cogedor o otra cualquier persona durante el dicho tiempo de los dichos veinte años, que nos les damos esta dicha franqueza llevare o embiare a la dicha isla de la Gran Canaria algun cuaderno de algunas leyes e ordenanzas por nos fechas e por nuestro mandado, por do oviessen de demandar mas contia de los dichos tres maravedis por ciento de carga e descarga a los dichos vezinos e moradores e pobladores de la dicha isla de la Gran Canaria que en ella tovieren su casa poblada, como dicho es, lo tal queremos y es nuestra voluntad que no vala ni aya lugar de se pedir ni demandar a los dichos vezinos e moradores de la dicha isla, que en ella tovieren su casa poblada […]”.

[“Don Fernando y doña Isabel, por la gracia de Dios, rey y reina […]. Por cuanto que por la gracia de Dios sometimos bajo nuestro señorío la isla de la Gran Canaria, que mandamos conquistar y sacar de poder de los infieles enemigos de nuestra fe católica, la hemos mandado poblar de muchos de nuestros súbditos y naturales han ido y van e irán a vivir a la dicha isla; por ende y porque mejor se pueble de aquí en adelante, por esta nuestra carta hacemos libres y exentos de pagar y que no paguen alcabalas ni monedas ni otros pechos ni tributos ni derechos algunos ni paguen otro derecho de los que vendieren y compraren de dentro de la dicha isla los vecinos y moradores de ella que en ella tuvieren su casa poblada, desde hoy de la data de esta nuestra carta hasta veinte años primeros siguientes, contando que sean obligados de pagar tres maravedíes por ciento de carga y descarga de todas las mercaderías que se cargaren y descargaren en la dicha isla, así por ellos como por otras cualquier personas de cualquier parte y tierras[…].

[…] y, si durante el tiempo de estos dichos veinte años que nos así hacemos francos a los dichos vecinos y moradores de la dicha isla, que no hayan de pagar ni paguen más de los dichos tres maravedíes por ciento de carga y descarga, si algún arrendador o arrendadores o receptor o cogedor u otra cualquier persona durante el dicho tiempo de los dichos veinte años, que nos les damos esta dicha franqueza llevare o enviare a la dicha isla de la Gran Canaria algún cuaderno de algunas leyes y ordenanzas por nos hechas y por nuestro mandato, por do hubiesen de demandar más cuantía de los dichos tres maravedíes por ciento de carga y descarga a los dichos vecinos y moradores y pobladores de la dicha isla de la Gran Canaria que en ella tuvieren su casa poblada, como dicho es, lo tal queremos y es nuestra voluntad que no valga ni haya lugar de se pedir ni demandar a los dichos vecinos y moradores de la dicha isla, que en ella tuvieren su casa poblada […]”.]

Provisión de Privilegio de Carlos I, dada en Toledo el 24 de octubre de 1528

[…] E agora Juan de Escobedo, vezino e regidor de la dicha isla de Gran Canaria, en nombre del Concejo, Justicia e regidores, cavalleros, escuderos, officiales e omes buenos de la dicha isla nos fizo relacion diciendo que la dicha isla, como es notorio, es tierra esteril, e que muchas de las mercaderias necesarias las traen a la dicha isla e las venden e contratan en ella algunos mercaderes e otras personas estrangeros e forasteros que no son vezinos ni moradores de la dicha isla, e que si aquellos oviessen de pagar alcabala dello, demas de los cinco por ciento que se pagan de almoxarifazgo cessarian de traer e vender e tratar e contratar las dichas mercaderias e cosas, de que la isla e vezinos della recibirian mucho daño e fatiga. E nos supplico e pidio por merced que mandásemos que los dichos forasteros y estrangeros no pagasen alcabala alguna y gozasen de la franqueza e libertad que la dicha isla e vezinos tienen, según y de la manera que la gozan e han gozado e deven gozar los vezinos de la dicha isla. E otrosi nos hizo relacion el dicho regidor Juan de Escobedo que, a causa de los muchos ingenios de aÇucar que ay en isla se han talado e quemado la mayor parte de los montes della e que por la falta que ay de leña en la dicha isla ay necesidad de se traer de aquí delante de las islas de Tenerife e La Palma, e que si de la dicha leña se oviesse de pagar almoxarifazgo o otros derechos alunos se dexaria de traer e cargar en la abundancia que es menester, e no aviendo la dicha leña se dexaria de fazer e labrar mucha parte del aÇucar que se labra en la dicha isla, de que a los vezinos e moradores della vendria mucho daño e perdida e quiebra en nuestras rentas reales […]

Lo cual por nos visto, acatando la necesidad de la dicha isla e los servicios que los vzinos e moradores della an fecho a los Reyes Católicos, nuestros padres e aguelos de gloriosa memoria, e a nos e a los que esperamos que nos haran de aquí adelante, por les fazer bien y merced e porque la dicha isla sea mas poblada e ennoblecida e proveida de las cosas necesarias y porque la fabricación de los açucares no cesse tovimoslo por bien. E por la presente confirmamos e aprovamos la dicha carta de merced e franqueza […].

[[…] Y ahora Juan de Escobedo, vecino y regidor de la dicha isla de Gran Canaria, en nombre del Concejo, Justicia e regidores, caballeros, escuderos, oficiales y hombres buenos de la dicha isla, nos hizo relación diciendo que la dicha isla, como es notorio, es tierra estéril, y que muchas de las mercaderías necesarias las traen a la dicha isla y las venden y contratan en ella algunos mercaderes y otras personas extranjeras y forasteros que no son vecinos ni moradores de la dicha isla, y que si aquellos hubiesen de pagar alcabala de ello, además del cinco por ciento que se pagan de almojarifazgo cesarían de traer y vender y tratar y contratar las dichas mercaderías y cosas, de que la isla y vecinos de ella recibirían mucho daño e fatiga. Y nos suplicó y pidió por merced que mandásemos que los dichos forasteros y extranjeros no pagasen alcabala alguna y gozasen de la franqueza e libertad que la dicha isla y vecinos tienen, según y de la manera que la gozan y han gozado y deben gozar los vecinos de la dicha isla. Y otrosí nos hizo relación el dicho regidor Juan de Escobedo que, a causa de los muchos ingenios de azúcar que hay en la isla se han talado y quemado la mayor parte de los montes de ella y que por la falta que hay de leña en la dicha isla hay necesidad de se traer de aquí en adelante de las islas de Tenerife y La Palma, y que si de la dicha leña se hubiese de pagar almojarifazgo u otros derechos algunos se dejaría de traer y cargar en la abundancia que es menester, y no habiendo la dicha leña se dejaría de hacer y labrar mucha parte del azúcar que se labra en la dicha isla, de que a los vecinos y moradores de ella vendría mucho daño y pérdida y quiebra en nuestras rentas reales […]

Lo cual por nos visto, acatando la necesidad de la dicha isla e los servicios que los vecinos e moradores de ella han hecho a los Reyes Católicos, nuestros padres y abuelos de gloriosa memoria, y a nos y a los que esperamos que nos harán de aquí adelante, por les hará bien y merced y porque la dicha isla sea más poblada y ennoblecida y proveída de las cosas necesarias y porque la fabricación de los azúcares no cese tuvímoslo por bien. Y por la presente confirmamos y aprobamos la dicha carta de merced y franqueza […]. ]

(Textos extraídos del libro de Pedro Cullen del Castillo: Incorporación de la Isla y fuero y privilegios concedidos a Gran Canaria.





Máximo González- Palacios Franco